Menagerie Intime

Venganzas

Mi madre es mucho de dichos. Quiero decir, que le gusta mucho relacionar las cosas que le pasan en el día a día con algún refrán aclaratorio. Supongo que son cosas de madres. Muchas veces la he oído decir, en tono amenazante un “Ya pagará el francés el vino que se bebió”, aludiendo de soslayo a la venganza y a la paciencia infinita como herramientas que han de estar unidas para conjugarse correctamente.

Está claro que mi madre, por suerte, no ha estado en la cárcel. Lo digo porque allí, paciencia, lo que se dice paciencia, se tiene a raudales, pero cuando se trata de vengar, castigar o incluso corregir alguna acción errónea de cualquier preso, la paciencia se esfuma. Así que, desde un punto de vista carcelario, la paciencia y la venganza no han de ir necesariamente juntas.

Piernas rotas, brazos con multitud de profundos cortes horizontales, ojos sacados de su sitio, escaramuzas en las escaleras… todo era fruto de la venganza y de la poca paciencia. Y yo mientras, casi a diario, pensando en el refrán de mi madre… A veces, muchas veces desde luego, dejaba de pensar en lo que mi madre decía y me agarraba a otro refrán muy castizo “A todos los cerdos les llega su San Martín” (y el tuyo ha llegado ahora mismo). Lo del paréntesis lo añadía yo. Concretamente, tu merecido lo recibirías al día siguiente de hacer las fechorías, al día siguiente de ser delatado. Sin juicio y sin posibilidad de justificarte. Con saña y con maldad. Así son las cosas.

Tengo claro que en la vida, como en la cárcel, la venganza fría duele más, pero no cumple con el efecto corrector de la conducta deseado, ya que se corre el riesgo de que las personas no sepan porqué se les pasan las cosas. Así que, desde hace un tiempo, las venganzas las prefiero rápidas, por favor.

Me he acordado de estas situaciones hoy. Y me he acordado porque he visto a un vecino soplapollas, el mismo que ayer me desinfló las cuatro ruedas del coche (según el resto de vecinos lo hizo para que yo entendiera que, a pesar de estar permitido, no debía aparcar delante del muro de su casa. Se ve que no es la primera vez que lo hace. Para qué usar las palabras, si se puede joder al personal). Lo he visto, digo, cambiando todas y cada una de las ruedas de su furgoneta de reparto de lencería. Algún cabrón ha pasado esta noche y le ha reventado las cuatro ruedas. Porque para qué desinflarlas, si se pueden rajar. Navaja albaceteña importada a Israel incluida.

Prometo que yo no me he manchado las manos de grasa, que yo no he sido. Quizá lo único que se me puede reprochar es que me haya reído de mi vecino. Bueno, que me haya reído y que le haya dicho “como no eres francés, sino ruso, han debido de tomarte por un cerdo, así que hoy es tu San Martín”. Ahora solo falta comprobar que mi vecino ha aprendido la lección.

Y así he vuelto a casa sonriendo, tan tranquilo. Pensando en el cerdinski y en San Martiniski. En eso, claro, y en otro dicho de mi santa madre. “Dios no se queda con nada de nadie” (aunque seas ruso).

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2 pensamientos en “Venganzas

  1. CGT2009 en dijo:

    Malvado!!! ;)

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